Os voy a hablar de cuál es mi personaje favorito de la novela ME OLVIDÉ DE MÍ...
Podéis imaginar de quien se trata, ¿verdad?
Sí, ¡Has acertado! Se trata de ANNA.
Hay otros personajes muy interesantes en la novela, pero en esta novela toda la trama recae sobre Anna, y es mi preferida.
Es mi preferida porque es una mujer valiente, aunque en un principio nos engañe bajo su fragilidad, y su falta de decisión. Al principio puede incluso llegar a desquiciarnos, pero después, cuando conocemos lo que has sido su vida en realidad, nos apiadamos de ella y pensamos en qué hubiésemos hecho nosotros en su lugar, si habríamos podido sobrevivir sin desquiciarnos un poca, al menos.
Además de ser valiente, Anna no deja de tener fe y seguir siendo una soñadora. Sigue pensando que no se merece la vida que lleva y cree en que debe haber algo más, aunque al minuto siguiente piense lo contrario, todas las noches se acuesta pensando que su vida va a cambiar, que el siguiente puede ser el primer día del resto de su vida.
Esa pincelada de su personalidad me encanta, al igual de ser una madraza, aunque ella sea una niña adoptada y abandonada. Entiende que la infancia es tan valiosa que no quiere torcer un solo renglón de la niñez y adolescencia de sus hijos; aunque tenga que sacrificarse ella misma. Solo entiende que deber poner tierra de por medio cuando comprende que sus hijos pueden correr peligro si sigue viviendo con un maltratador.
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Saturday, 23 September 2017
Wednesday, 16 August 2017
Ni una mujer maltratada más
Muchos que ya habéis leído mi última novela ME OLVIDÉ DE MÍ os preguntáis por qué he escogido a Anna, una mujer maltratada, aunque sea principalmente de manera psicológica, como personaje principal de un thriller.
Pues es bastante sencillo, pienso que los escritores, los profesores, actores, políticos, etc debemos influir en los demás de manera positiva, abrirle los ojos a una persona que está viviendo esta situación y hacerle reaccionar para que quiera cambiar su situación. Esto puede hacerse desde muchos ámbitos (en realidad debe hacerse desde todos los ámbitos) y no solo desde las instituciones o cuando llega el Día contra la Violencia de género (25 de noviembre); es un trabajo diario y de todos.
Afortunadamente no he vivido el maltrato en carnes propias o de alguien cercano, pero tan solo ponerte en la piel de esas pobres mujeres, y algunos hombres también, que malviven atemorizados sin que crean que su futuro puede cambiar para mejor. No podemos olvidar a los niños que sufren el maltrato en sus carnes y en primera persona, teniendo que mudar la piel de niño y crearse una coraza de adultos antes de tiempo y que no les corresponde vestir aún.
Con este libro quiero romper una lanza para mostrar a todas estas personas que sí hay salida; puede costar mucho o muchísimo, pero al final se sale. Todos aquellos que somos conscientes alguna vez de una situación de maltrato y miramos a otro lado por no complicarnos la vida, debemos ayudar y estar ahí para decirles que SÍ hay salida al final del túnel, sí se puede;
¡Pide ayuda!, eso es lo primero y de ahí para adelante, nada puede ser peor que la oscuridad en la que ya vives.
Tú eres el dueño de tu destino, y ningún pozo es tan profundo y oscuro como para vivir eternamente en él.
Al final, la luz llega a todos los rincones de la tierra.
Muchas gracias a los lectores por ayudarme a dar a conocer la historia de Anna y poder ayudar a muchas otras personas que están sufriendo una situación parecida y que es una lacra social que TODOS debemos erradicar.
Comparte este artículo y si te gustaría hacer algo contra el maltrato puedes compartir el libro entre tus conocidos y leerlo, parte de los beneficios serán donados a una asociación contra la violencia de género.
Pues es bastante sencillo, pienso que los escritores, los profesores, actores, políticos, etc debemos influir en los demás de manera positiva, abrirle los ojos a una persona que está viviendo esta situación y hacerle reaccionar para que quiera cambiar su situación. Esto puede hacerse desde muchos ámbitos (en realidad debe hacerse desde todos los ámbitos) y no solo desde las instituciones o cuando llega el Día contra la Violencia de género (25 de noviembre); es un trabajo diario y de todos.
Afortunadamente no he vivido el maltrato en carnes propias o de alguien cercano, pero tan solo ponerte en la piel de esas pobres mujeres, y algunos hombres también, que malviven atemorizados sin que crean que su futuro puede cambiar para mejor. No podemos olvidar a los niños que sufren el maltrato en sus carnes y en primera persona, teniendo que mudar la piel de niño y crearse una coraza de adultos antes de tiempo y que no les corresponde vestir aún.
¡NO LO PODEMOS PERMITIR!
¡Por Dios! ¿Habrá algo más bonito que una mujer...? Una madre, una hija, una hermana, una novia, una amiga, una abuela...
Por todas ellas no podemos consentir que un cobarde sea capaz de hacerles derramar una sola lágrima.
Con este libro quiero romper una lanza para mostrar a todas estas personas que sí hay salida; puede costar mucho o muchísimo, pero al final se sale. Todos aquellos que somos conscientes alguna vez de una situación de maltrato y miramos a otro lado por no complicarnos la vida, debemos ayudar y estar ahí para decirles que SÍ hay salida al final del túnel, sí se puede;
¡Pide ayuda!, eso es lo primero y de ahí para adelante, nada puede ser peor que la oscuridad en la que ya vives.
Tú eres el dueño de tu destino, y ningún pozo es tan profundo y oscuro como para vivir eternamente en él.
Al final, la luz llega a todos los rincones de la tierra.
Muchas gracias a los lectores por ayudarme a dar a conocer la historia de Anna y poder ayudar a muchas otras personas que están sufriendo una situación parecida y que es una lacra social que TODOS debemos erradicar.
Comparte este artículo y si te gustaría hacer algo contra el maltrato puedes compartir el libro entre tus conocidos y leerlo, parte de los beneficios serán donados a una asociación contra la violencia de género.
Sunday, 13 August 2017
BOOK TRAILER DE LA NOVELA ME OLVIDÉ DE MÍ
Os dejo el enlace para ver el vídeo-booktrailer de la novela ME OLVIDÉ DE MÍ.
Espero que os guste.
Recuerdo que si estás en contra del maltrato de la mujer deberías leer y recomendar este libro.
Espero que os guste.
Recuerdo que si estás en contra del maltrato de la mujer deberías leer y recomendar este libro.
ENLACE PARA VER EL BOOKTRAILER
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Mujer,
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Tuesday, 23 September 2014
Relato: Hasta que la muerte no(s se)pare
Os dejo este relato contra la Violencia de Género y el maltrato a la mujer. Un abrazo a todas las mujeres que por desgracia fueron alguna vez maltratadas física o psicológicamente. Este relato va por vosotras.
El título tiene doble interpretación: Hasta que la muerte nos separe como la frase típica tras una boda, representando la antigua idea de que el matrimonio debía ser para toda la vida y Hasta que la muerte no pare, simbolizando la lucha de todos por acabar con esta lacra social.
HASTA QUE LA MUERTE NO(S SE)PARE
- Clara, cariño, ha llegado esta
carta para ti. Un poco tarde para felicitarte por tu dieciocho cumpleaños, ¿no?- insinuó su madre
tratando de averiguar quién era el remitente.
- ¡Gracias! Pero aunque haya pasado
una semana, una felicitación siempre es bien recibida.- Contestó Clara
dirigiéndose a su habitación, mientras abría el arrugado sobre de papel
reciclado que se le resistía.
Una vez dentro de su habitación,
junto al escritorio casi sufrió un desvanecimiento cuando sus ojos recorrieron
las primeras letras del texto. Tuvo que agarrarse al cabecero de su cama para
no caer al suelo. Todo a su alrededor parecía girar como en un tiovivo, el aire
oprimía sus pulmones y sintió cómo en sus ojos temblaban dos tímidas lágrimas.
Al sentir la cómoda seguridad de su cama, releyó las primeras líneas
manuscritas sobre el austero papel.
< Querida
Clara, soy yo, María Jesús, tu madre...
>
No pudo continuar con la lectura,
la apartó de su vista, y justo cuando estaba ocultando la carta bajo su
almohada reprimiendo la tristeza que afloraba en su mirada, una cabecita
plagada de revoltosos rizos asomó tras la puerta.
- Hermanita la cena está lista,
papá dice que bajes enseguida. Su hermano pasó revista a toda la habitación en
un solo instante, como si sospechase que algo no iba bien. - ¿Te ocurre algo?
No tienes buen aspecto.
- Sí, sí, estoy bien.- aseguró
Clara mientras empujaba la carta debajo de la almohada. Vamos, bajemos antes de
que papá se ponga nervioso.
Cerrando la puerta, sus ojos se
clavaron en el pedazo de papel que se vislumbraba bajo la almohada. Clara pensó
que más tarde, en cuanto cenase, leería la carta. Aunque no sabía si al final
se atrevería. ¿Por qué le escribía ahora que había pasado tanto tiempo?
¿No tuvo suficiente con arruinarle
su vida y arrebatarle a su padre?, ¿tan egoísta era que no podía dejarla ser
feliz? Las preguntas se agolpaban en su cabeza, mientras hacía como que cenaba
dándole vueltas al puré y el pescado delante de su familia. No podía quitársela
de la cabeza, incluso cuando su padre le ordenó que acabase la cena, no lo
escuchó. Era como si esa carta después de catorce años hubiese borrado toda su
vida de un plumazo. ¿Se desvanecía su nueva vida y renacían sus terrores y
pesadillas del pasado?
No pensaba consentirlo. Ya era
mayor de edad y no estaba dispuesta a que el invierno volviese a su vida, ahora
decidía ella.
Subió las escaleras de dos en dos
haciendo caso omiso de los comentarios de sus padres, cerró el viejo cerrojo de
la puerta de su dormitorio, y éste le recordó las pesadillas nocturnas que
sufrió durante meses y los años que tuvo que dormir con la puerta cerrada a cal
y canto , por miedo a que ella entrase en la habitación para llevársela.
Y ahora esto. Abrió la carta con
mayor determinación que la vez anterior, y se sumergió en una profunda y temerosa lectura.
< Querida
Clara, soy yo, María Jesús, tu madre. No sé si recibirás esta carta el día de
tu cumpleaños pues aquí los días pasan con la misma monótona agonía. No sé por
dónde empezar a pesar de haber tenido tantos años para explicarte esto. Sólo sé
que lo que le hice a tu padre fue por ti, y que sólo tú me diste el valor
suficiente para hacer algo que jamás pensé que
yo pudiera hacer>.
Clara no podía creer lo que esos
trazos de bolígrafo barato le decían. ¿Cómo se atrevía? La culpaba ella del asesinato de su padre, muy típico de
los cobardes era escudarse en otros para llevar a cabo sus terribles actos.
Pero ella no iba a acarrear con ninguna culpa.
<
Aunque he intentado protegerte todos estos años, creo que ya es hora que sepas
la verdadera historia de lo que pasó, y olvides todas las historias que te han
contado tus tíos, tan buenos que no pudieron hacerse cargo de ti, o las
patrañas que te habrán metido en el centro de acogida al que te llevaron cuando
tenías cuatro años.
Hija
mía, todo empezó al poco tiempo de casarnos. Tú todavía no habías nacido,
afortunadamente.
Nos
mudamos del pueblo porque tu padre consiguió un buen trabajo como albañil en la
ciudad, y nos compramos el piso. Todo era tan alarmantemente normal, yo jamás
imaginé la clase de persona con la que había jurado amor eterno, “hasta que la
muerte os separe” dijo el sacerdote. Qué razón tenía ...
Las
primeras noches que llegó ebrio, no le dije nada pues pensaba que era cosa de
hombres lo de tomarse unas” copichuelas” con los amigos en la bodeguita después
del trabajo. Pero cuando empezó a convertirse en una rutina, decidí hablar con
él. Una noche, 21 de Febrero de 1981, la recuerdo con exactitud porque fue el día que la primera bofetada
borró la dignidad como persona de mi cara. Las primeras palabras no habían
hecho más que salir de mi boca, cuando de repente , si saber cómo ni por qué,
sentí una explosión en mi oído, y me encontré en el suelo con el labio partido
y sangrando.
Ahí
descubrió lo poderoso que se sentía y el placer que le ocasionaba verme sufrir
y tragarme su amargura y frustración ante la vida. Fue mi perdición. Tras ésta
vinieron muchos cientos de noches con la nariz partida, el ojo morado, o las
costillas marcadas por su cinturón. Traté de complacerle, tenerlo todo a su
gusto, ser la más servil de las bestias. Pero todo era en inútil. Siempre había
una excusa para ensañarse conmigo. Una camisa mal planchada, la barra de pan
dura, la comida fría, sosa o demasiado salada. Así, fui sobreviviendo aterrorizada,
con la esperanza que algún día cambiara de actitud ante la imposibilidad de
zafarme de mi verdugo. Hasta que me quedé embarazada. Durante esos meses todo
cambió y volvió a ser la persona amable y callada de quien me enamoré. Pero la
falsa Tregua poco duró, exactamente, la primera paliza vino cuando aun estabas
en la cuarentena. Durante tus primeros años de vida traté de evitar por todos
los medios que te percataras de la terrible situación, y desviaba toda su ira
hacia mí, para que dejase a mi niña en paz.
Tu
me diste los momentos más maravillosos de mi vida, ahora recuerdo como me
llamabas “mami, mami, mira que dibujo he hecho”, siempre tenías “mami” en la
boca a todas horas. Dentro de mi infierno tu eras mi único alivio. Esta
situación hubiera continuado así hasta que tu padre me hubiera matado a golpes
o hasta que ocurrió lo que pasó aquella noche.
Ese
día tu padre regresó antes de que la cena estuviese preparada, traía la cara
cambiada, como cundo llevaba varias horas bebiendo. Y lo estuvo haciendo. Lo
habían despedido y su única forma de saciar su ira era la de costumbre. Pero
esta vez una personita dulce e inocente se cruzó en su camino.
Yo
estaba en la cocina pelando patatas rápidamente para freírlas y hacer la
tortilla, cuando tus primeros gritos llegaron del salón. Cuando llegué, tu
padre había cogido la correa y con la hebilla te había golpeado varias veces en
tu carita. La sangre que recorría tus mejillas y que cayó en tu muñeca fue la sangrienta
y horripilante gota que colmó el vaso. Intenté apartarlo de ti, pero me propinó
un puñetazo y me tiró al suelo. Sin pensarlo, con el cuchillo de cocina aun tembloroso
en mi mano, me abalancé sobre él y lo clavé sobre aquella bestia, sin saber ya
que hacer por protegerte. Su mirada, mientras caía de rodillas, fue mitad
sorpresa y asco, pero el odio que aprecié en sus ojos , inigualable a ningún
otro anterior, empujó mi mano una vez más contra su pecho, asegurándome que no
volvería a hacernos daño.
El
resto ya lo conoces, nos separaron cuando fui a cumplir condena: veinte años.
Pero no me arrepiento de lo que hice pues sé que vives y eres feliz. Ahora que
ya te he contado la verdad, me quedo más tranquila. Sólo quiero que sepas que
para mí siempre has sido más importante
que yo misma, y sé que hice lo que
cualquier otra madre habría hecho en mi lugar. Te quiero y también sé lo mucho
que tú a mí me has querido. >
Así acababa la carta de una
valiente. Su madre. Con los ojos borrosos, cegados aun por las lágrimas
derramadas ante el egoísmo y el orgullo juvenil reprimido durante todos esto últimos
años, Clara bajó corriendo al salón.
-Marta, mañana me gustaría ir a ver
a mi madre.- Su madre adoptiva dio un respingo al oír que la llamaba por su
nombre propio. -La carta era de la cárcel, y ya tengo edad para ver a la
persona que ha hecho tanto por mí. ¿Me llevaréis a verla?
A la siguiente mañana cuando sus
padres aparcaron junto al módulo de visitas para reclusas del centro
penitenciario. Marta les pidió que la esperaran en la cafetería, era algo que
tenía que hacer ella sola. Se dirigió llena de ilusión y arrepentimiento por no
haber visitado a su madre en tanto tiempo. Sabía que la quería y la perdonaría,
tenía que explicarle tantas cosas… tenía que agradecerle el haberle dado la
vida dos veces. Estaba muy nerviosa, casi histérica, ya casi no le quedaban
uñas en los dedos, necesitaba verla, abrazarla, besarla, decirle que todo iría
bien, que hizo lo correcto y que siempre la tendría a su lado.
Por fin llegó el momento, en el
mostrador de información se encontraba una empleada de la penitenciaría.
- Buenos días, ¿podría decirle a la
reclusa Mª Jesús Gómez Sanz que su hija Clara ha venido a verla?
- Perdón, ¿cómo dice?- Preguntó la
mujer consultando la lista de visitas.
- Mª Jesús Gómez Sanz – repetí
doblemente nerviosa.
- Lo lamento enormemente, pero la visita
no va a poder realizarse.- Continuó tras una enorme pausa. La reclusa de la que
me habla falleció hace tres días. De veras que lo siento.
Me maldije entonces por no haberla
perdonado en vida, por no haber tratado buscarla. Comprendí en ese momento que
las cosas deben hacerse ya, ahora, en vida; no podemos esperar que todo se
solucione o mejor en el futuro, sin arriesgar o no poner nada de nuestra parte.
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