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Saturday, 1 August 2015

FESTUM Capítulo 1 (Parte 5)






Normalmente escogían a los machos más fuertes y sanos, las hembras más saludables y vigorosas y los emparejaban sin descanso hasta que perecían. Para llevar a cabo esta selección se les exponía a un durísimo entrenamiento durante años, de manera que se pudiesen escoger a los mejores sementales y las criadoras más óptimas. Los vampiros habían desarrollado incubadoras y personal especializado con el que eran capaces de seguir desarrollando los bebés tras el cuarto mes de gestación. Una vez la madre había dado a luz, por así decirlo, era nuevamente preñada por otro semental, así sucesivamente durante años, sin descanso. De esta manera cada criadora podía dar a luz de dos a tres veces al año, la mayoría de las veces partos múltiples: dos, tres o cuatro niños. Lo máximo que las mujeres aguantaban como criadoras era siete u ocho años, con suerte, los hombres aguantaban un par de años más, pero a los 28 años eran sustituidos y enviados a las ciudades para satisfacer los más bajos deseos y fantasías de los vampiros de todo el mundo, o acababan devorados por el vampiro de turno que lo ganase en una subasta.

En esa tesitura se encontraba Mara, a sus 17 años, pronto decidirían si se dedicaba a ser criadora, moriría desangrada en una de esas demoníacas “ordeñadoras”, o tal vez fuese descuartizada y devorada en alguna de esas ciudades de perdición controladas por los vampiros y que ahora infestaban el planeta por doquier.
Ella se sentía y sabía que era diferente, había crecido lejos de ese hediondo lugar donde los masacraban. Ella había conocido la felicidad al lado de sus padres que habían tenido el tiempo y las fuerzas necesarias para poder criarla de manera adecuada, habían vivido una vida “normal” por así decirlo. Tenía arraigo por su familia, al contrario que los demás bebés humanos que eran criados en guarderías y colegios hasta la edad madura sin llegar a conocer a su madre o a su padre… ahí empezaba la deshumanización del ser humano, destruyendo todos los vínculos familiares que derivasen en otras uniones sociales o de protesta contra el sistema impuesto por los vampiros. Las nuevas generaciones no sabían lo que era un padre, una madre o unos hermanos, solo eran seres que se dejaban guiar y manipular por miedo a reprimendas de sus señores. Los vampiros ejercían un control mental absoluto sobre los vacíos intelectos humanos, obligándoles incluso a cosas inimaginables, que llevaban a cabo sin rechistar. 

Mara, al contrario que el resto de humanos que la rodeaban, había crecido en un paraíso natural de paz, a salvo de todo lo que ahora se le había venido encima. Por suerte, sus padres, antiguos supervivientes del FESTUM, que se habían enamorado y conocido en Isla Menor, la habían entrenado a luchar desde pequeña y le habían enseñado a esconderse, trucos para sobrevivir en mitad de la jungla y a valerse por sí sola desde sus primeros años de vida.
Los crueles vampiros alentaban a los desdichados humanos con una única salida, una esperanza en esa condena a muerte que eran sus malvividas existencias: “El FESTUM”, o La Noche de la Libertad, como la conocían los más antiguos. El acontecimiento era televisado por y para los vampiros que veían absortos e hipnotizados como los indefensos humanos caían uno tras otro bajo el grupo de vampiros-cazadores: “los segadores”. Recibían ese nombre puesto que se encargaban de cortar las malas hierbas que esa noche habían crecido en el bosque, una desafortunada metáfora para denominar el macabro juego que se desarrollaba en Isla Muerte, como la bautizaron los primeros humanos que sirvieron a los vampiros. Los hombres sabían que entrar allí, era no salir jamás de ese círculo denigrante y viciado de exterminio y aniquilación. Isla Muerte distribuía el alimento al resto del mundo, los humanos sabían poco qué había sido después de que los vampiros dominasen el mundo, qué había sido de las grandes urbes mundiales; lo cierto era que en aquella isla se había concentrado todo el alimento, evitando de esta manera la codicia y agonía por poseer los valiosos cuerpos que portaban el líquido vital para la existencia de los vampiros.  Así se evitaba que los pocos ejemplares que conservaban, fuesen malgastados, haciendo que su número diezmase hasta cantidades ínfimas que provocaría la psicosis global por obtener sangre fresca. 

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